sábado, 7 de abril de 2018

Monumento a los héroes antifascistas rumanos de Bucarest

El Monumento a los Héroes Antifascistas rumanos está situado enfrente de la Academia Militar de Bucarest.

Este homenaje a la lucha de Rumania contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial fue la obra colectiva de un grupo de escultores rumanos, del Estudio de Arte Plástico del Ejército, formado por el coronel de la República Popular Rumana Marius Butunoiu (coordinador), Zoe Băicoianu, Ion Dămăceanu și Theodor N. Ionescu.

Sobre un pedestal en forma de paralelepípedo, de 6 metros de altura, de hormigón armado, se alza un grupo de estatuas de bronce, de 9 metros de altura, formado por tres soldados antifascistas, cada uno de un cuerpo de ejército: infantería, marina y aviación. El infante tiene en su mano derecha una rama de roble, símbolo de la victoria.

En el pedestal aparece la siguiente inscripción:
 
SLAVĂ OSTAȘILOR ROMÂNI
MOȘTENITORI AI TRADIȚIILOR
EROICE STRĂBUNE
LUPTĂTORI NEÎNFRICAȚI
ÎMPOTRIVA FASCISMULUI
PENTRU LIBERTATEA ȘI
INDEPENDENȚA PATRIEI

"Gloria a los soldados rumanos
herederos de la tradición heróica de sus antepasados
valientes combatientes contra el fascismo
por la libertad y la independencia de la patria"

A un lado y a otro del monumento se encuentran dos grandes altorrelieves, realizados en piedra blanca, con una superficie de 154 metros cuadrados, que representan como tema principal algunos momentos de la lucha de los combatientes rumanos en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo (después del 23 de agosto de 1944, cuando el Partido Comunista obliga al rey Mihai I, aliado hasta entonces de los nazis, a deponer del gobierno al Mariscal Antonescu y a ordenar a los ejércitos rumanos a volver sus armas contra el ejército alemán y sus aliados).

El monumento en honor de la lucha antifascista llevada a cabo por el ejército rumano desde el 23 de agosto de 1944 (antes protagonizada en solitario por los militantes comunistas y partisanos revolucionarios) es uno de los pocos que ha quedado en pié o en su lugar original tras el triunfo del golpe de estado de diciembre de 1989, en el que, como sabemos., se reinstauró aquello contra lo que los soldados honrados en el conjunto escultórico de la Academia Militar combatieron.

Sin embargo, el símbolo de que todo contra lo que aquellos héroes lucharon, y miles de miembros de la resistencia civil y militar murieron, se ha impuesto de nuevo es que el lugar donde se ubicara el monumento desde su inauguración, en 1957 lleva el nombre hoy de "Universidad Carol I", primer rey del país y el símbolo de la Rumania de los boyardos y oligarcas que pisotearon, como siguen haciendo hoy, a los trabajadores y campesinos rumanos.







Obreros y soldados por un objetivo común: el fin de la explotación
Detalle
La madre, en lucha por un futuro mejor para sus hjos, el socialismo
La hoz y el martillo
Los campesinos reciben a los soldados libertadores



Los trabajadores luchan por su emancipación con as armas en la mano

!Siempre hacia adelante! !Muerte al fascismo!

La mujer socialista, igual al hombre en lucha por la emancipación de la clase trabajadora
contra el fascismo
Los trabajadores ferroviarios: héroes de la lucha por el socialismo en Rumania

Marinos contra el fascismo




Romanos contra dacos (S II D.C.)
Mircea cel Batran (Siglo XIV)
Stefan cel Mare (siglo XIV-XV)
Mihai Viteazu (siglo XVII)

La revuelta campesina de Horea, Closca y Crisan (siglo XVIII)

Tudor Vladimirescu (Revolución de 1821)
Nicolae Balcescu (Revolución del 48)
Guerra de la Independencia contra el Imperio Turco (1877)

miércoles, 4 de abril de 2018

Entrevista a Dejan Jovanovic, presidente del Comité de Belgrado del Partido Comunista de Serbia

Alena Ageyeva, corresponsal en Europa del Este de La Gaceta de los Miserables y Representante del Movimiento Southern Star, ha realizado una entrevista a Dejan Jovanovic. presidente del Comité de Belgrado del Partido Comunista de Serbia, donde nos cuentan como trabajan por la reconstrucción de la Yugoslavia Socialista y nos describe la situación desastrosa de los serbios tras casi tres décadas de capitalismo, que ha provocado, por ejemplo, que el 90% de la población viva en la pobreza:
29425242_2045356535734722_6105198184793899008_o ¿Qué lugar ocupa tu partido en el sistema político del país?
“Los Comunistas de Serbia” son el Partido marxista-leninista de orientación yugoslava, que defiende con firmeza las tesis leninistas en las que se explica que la construcción de un Estado proletario y la sustitución de la burguesía es imposible sin una revolución violenta. No reconocemos el colapso de Yugoslavia, buscamos su restauración y nos consideramos herederos del Partido Comunista de Yugoslavia, encabezado por el mariscal Tito tras la liberación del país de los nazis y la revolución socialista. Por desgracia, debido a la fuerte propaganda anticomunista, la fragmentación comunista (los seguidores de Tito, los estalinistas…), la falta de movimientos significativos y los recursos financieros, la influencia de los comunistas en la vida social y política de Serbia, prácticamente, ha desaparecido.
  ¿Cuáles son las metas y objetivos de los “comunistas de Serbia” en esta etapa?
Por desgracia, nosotros, la pequeña parte de la población, somos los únicos que queremos derribar el capitalismo tal y como se inspiró hacia una nueva revolución socialista en la política serbia. Por lo tanto, en general, no existe un Partido Comunista fuerte capaz de unir a las masas insatisfechas y liderar una lucha abierta contra el capitalismo. Pero instamos a los compatriotas a no tolerar el sistema existente, luchar por sus derechos y no creer en los cuentos de hadas que afirman que el capitalismo y las condiciones que genera pueden tener un “rostro humano”. Nuestro partido, fiel a los principios leninistas, no coopera con la burguesía. Defendemos una nueva transformación socialista en el espacio post-yugoslavo.
 ¿Cómo caracterizarías la situación política y económica actual en Serbia? 
Con razón se puede considerar un caos controlado. Existe un socavamiento planificado de la economía estatal y social del país con la ayuda oculta y la influencia de los principales Estados capitalistas de Occidente que no quieren una república yugoslava fuerte, orientada hacia Rusia y revivida. Por lo tanto, buscan desestabilizar la vida social e ideológica en Serbia, implantando los ideales de la democracia burguesa así como una economía basada en el libre mercado. Han construido un Estado a través de los medios de comunicación, la producción de películas, el desdibujamiento de las redes sociales hacia la sociedad serbia, que ha modulado sus valores ideológicos y morales, la desorientación de la juventud y su transformación filosófica e ideológica.
En el contexto de una enorme deuda externa del país, hay un colapso económico, una privatización depredadora que destruyó el sector empresarial-industrial, se ha creado un ejército de desempleados constantes, pero sin movilización ni huelgas. En términos de desarrollo en medicina, cultura y ciencia, Serbia se ve retrasada en comparación con el período de la República de Yugoslavia, pero la violencia, el alcoholismo y la drogadicción están en constante crecimiento…
https://gacetadelosmiserables.files.wordpress.com/2017/02/poster-v-de-vendeta.pdf … y, por supuesto, estratificación social …
– Sin lugar a dudas, ha alcanzado un tamaño monstruoso. En el contexto de la prosperidad de la población, el 90% de la misma está bajo el umbral de la pobreza.
Varias ex repúblicas yugoslavas, como Eslovenia, Croacia o Montenegro, ya son miembros de la Unión Europea. ¿Se enfrenta Serbia a un obstáculo en este sentido para reponer las filas de sus organizaciones? ¿Cómo se relaciona su partido con este asunto?
Definitivamente no apoyamos tales aspiraciones y lo hemos demostrado reiteradamente a nuestros partidarios en las acciones de protesta. Serbia solo necesita a la OTAN para que el Estado pueda expandir su presencia militar en los Balcanes mediante el despliegue de nuevas bases. Pero la mayoría de los serbios están en contra de unirse a la Unión Europea y a la Alianza Atlántica. Sin embargo, la mayoría de los partidos parlamentarios y extraparlamentarios están a favor de alguna de estas organizaciones. Desde el 1 de marzo de 2012, nuestro país ha adquirido oficialmente el estado de candidato a miembro de la Unión Europea.
¿Tu partido está representado en el parlamento? 
No, y es poco probable que la situación cambie en un futuro próximo. Todos los partidos representados en el parlamento, tanto los que apoyan al Gobierno como los de la oposición, se asemejan en sus posiciones anticomunistas y son partidarios de las relaciones socioeconómicas capitalistas.
Las autoridades serbias, en relación con la OTAN y la UE, se ven obstaculizadas por la inestabilidad y el problema en Kosovo. ¿Por qué Belgrado todavía se niega a reconocer la soberanía de Kosovo?
Kosovo es un vivo ejemplo del curso de Occidente en la fragmentación de los estados multinacionales. La provincia autónoma de Kosovo, que es una parte integral de nuestro país, fue capturada de manera descarada por terroristas albaneses dirigidos por la OTAN. Fue Washington el que impulsó a las autoridades de Kosovo a proclamar unilateralmente la independencia el 17 de febrero de 2008. Un punto importante: el rechazo de Serbia sucedió por la fuerza, sin ningún referéndum. Agradecemos a Rusia por no reconocer el cuasi estado de Kosovo y apoya a Serbia en este asunto.
Usted habló sobre la desunión de las fuerzas de izquierda en Serbia. Aquí en el Foro Internacional “Octubre 1917 – un gran avance al socialismo” en Moscú, su país está representado por dos fuerzas “Los comunistas de Serbia” y “el Partido Comunista de Yugoslavia Nueva (NKPYU)”. ¿Hay alguna interacción entre ellos? 
Estamos a favor de coordinar el trabajo de todos los partidos y movimientos de izquierda-comunista. Naturalmente, cooperamos con el NCCP.
¿Has pensado en unificar las dos partes?
Imagini pentru communist  serbiaAhora apenas podemos hablar de esto. Por el momento hay desacuerdos institucionales e insuperables. Entonces, somos seguidores de la estrategia de Josip Broz Tito, mientras que ellos son admiradores de Joseph Stalin. Sin embargo, esto no nos impide celebrar propuestas conjuntas en particular, contra la adhesión de Serbia a la OTAN y la UE, por ejemplo.
Después del colapso de la Unión Soviética y la posterior caída del bloque soviético en el mundo muchos países europeos, especialmente Polonia, Estonia, Latvia, Lituania etc comenzó la “guerra contra los monumentos”, durante el cuál, bárbaramente fueron destruidos los monumentos a figuras soviéticas del mundo de la política y la cultura y los soldados del Ejército Rojo. ¿Cómo está la situación  en Serbia?
En nuestro país, esta tendencia perniciosa no ha triunfado, y es de esperar que nunca se unirán los vándalos ingratos que tratan de reescribir la historia del mundo. Los serbios están infinitamente agradecidos a los soldados soviéticos que salvaron al país de los invasores fascistas y honran el 20 de octubre, el Día de la Liberación de Belgrado, una de las principales fiestas nacionales. En ese día, nuestro partido participa en la ceremonia de colocación de coronas de flores en los monumentos conmemorativos a los soldados del Ejército Rojo.
¿Cuál es el significado de la Gran Revolución Socialista de Octubre en nuestras condiciones para su partido?
Eliminó la mayor injusticia que existía en la relación entre las personas: la explotación del hombre por el hombre. Por lo tanto, al final de nuestra conversación que, al igual que todos los presentes a estas celebraciones con motivo del 100 aniversario de la Gran Revolución de Octubre en San Petersburgo y Moscú, me gustaría exclamar: “¡Larga vida a las ideas de la revolución! ¡Larga vida al movimiento comunista mundial!”.

Tomado de LLa Gaceta de los Miserables 

lunes, 2 de abril de 2018

El hombre soviético y Octubre 1917, Scarlat Callimachi

Scarlat Callimachi nació un 20 de septiembre de 1896, en Bucarest, ciudad donde también moriría el 2 de junio de 1975. Formaba parte de una de las familias de boyardos rumanos, cuyos antepasados, de origen griego, habían sido señores del principado de Moldavia.

Sin embargo, a pesar de su origen, fue militante del Partido Comunista, gran defensor de la revolución bolchevique, y uno de los representantes de la vanguardia literaria rumana más destacados del periodo de entreguerras. Su militancia firme, tanto en las letras como en la lucha clandestina, le hizo ser conocido, por sus camaradas antifascistas y comunistas, como "El Príncipe Rojo".

En 1917 se encontraba en Petrogrado, donde sería testigo también de la Revolución Soviética, de la que ahora se cumplen 100 años, que luego cantaría en sus poemas, como por ejemplo Octubre 1917:

Octubre 1917

¡Silencio!...
¿Escuchas revolviéndose
en la lejanía
el silencio,
en un ruido sordo de puertas que se abren,
de cadenas que caen,
de detonaciones de armas,
de disparos de metralletas,
de murmullo de voces,
de gritos fuertes de victoria?

¡Mira!...

¿Ves cómo una multitud de trabajadores,
con caras ennegrecidas por el humo de las fábricas,
miles de campesinos desharrapados,
hombres canosos por las preocupaciones,
mujeres pálidas,
niños de ojos grandes, asustados,
con banderas rojas,
buscan una salida –
de los sótanos y de las cárceles
hacia la libertad?

¡Escucha!...

En el yunque el golpe del martillo
como una lengua de campana,
todas las sirenas, trompetas gigantes
levantadas hacia el cielo,
maldicen el pasado;
desde pechos bárbaros
surge la consigna rítmica;
canta la multitud
la canción de hoy,
la canción de mañana:

PAZ,
PAN,
LIBERTAD.

Esta es la llamada del día de hoy
y del día de mañana.

La tierra hierve,
una lava ardiente
fluye
de cuerpo a cuerpo,
de alma a alma,
de casa en casa,
de fábrica a fábrica,
de ciudad a ciudad,
de pueblo a pueblo.

Un mundo nuevo nace.
El pasado se apaga lentamente
como se apagan carbones olvidados en un fogón.
Todo pasa
como las hojas llevadas por el viento del otoño.
Ayer verdes estaban todos los árboles,
hoy... gigantescos brazos desnudos,
de vida angustiada.

Y toda la vida
pide
PAZ
PAN
LIBERTAD


Octubre, 1917 (traducido por VKR).

En 1960 escribiría un libro homenaje a la Unión Soviética, titulado Un viajero en la URSS, en el cual describe sus viajes y experiencias por el primer estado de los trabajadores de la historia, comparando la Rusia que encontró antes de la Revolución Bolchevique y la que construyeron los trabajadores soviéticos bajo la dirección del Partido Comunista.

En uno de sus capítulos, El hombre soviético, describe una de las principales consecuencias de la Gran Revolución de Octubre de 1917: el nacimiento de un hombre nuevo, emancipado, que se sabe dueño de su propio destino, y que fue el factor determinante que logró convertir a la recién nacida Rusia proletaria en primera potencia mundial, económica, social y militar, y en la gran vencedora del fascismo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas:

EL HOMBRE SOVIÉTICO

"Sin duda, lo que más ha llamado la atención y, a la vez, admirado a los viajeros extranjeros que han visitado la Unión Soviética, desde octubre de 1917 hasta hoy, ha sido el hombre soviético.

El rol de Vladimir Ilich Lenin en la preparación de la masa del hombre nuevo, del revolucionario, del constructor del mañana, fue enorme. Gracias a su genio de educador, de guía, de director de la clase trabajadora y campesina de Rusia, la Gran Revolución Socialista de Octubre pudo ser llevada a cabo y las bases del primer estado socialista puestas sobre cimientos sólidos.

Junto a algunas decenas de miles de luchadores comunistas, junto al proletariado hambriento, junto a los destacamentos de guardias rojos,  junto al campesinado empobrecido, Lenin venció al ejército de los generales blancos y a las fuerzas intervencionistas extranjeras.


Los que fueron testigos oculares de aquellos días de Octubre y de la Guerra Civil vieron como este destacamento de revolucionarios, casi desarmados, en ropas civiles o con uniformes andrajosos, sufriendo la falta, podemos decir, del pan de cada día, derrotaron a los regimientos de cadetes, armados hasta los dientes, regimientos formados por antiguos oficiales de la armada zarista y por una unión heterogénea de diferentes elementos reaccionarios.

Estos soldados descalzos del ejército revolucionario sorprendieron a todo el mundo. Su coraje, abnegación y entusiasmo se debían, en primer lugar, al deseo de emancipación del látigo zarista y, en segundo lugar, a su voluntad de construir un mundo nuevo, un mundo propio, de los que trabajan, un mundo en el que se pudiera vivir una vida digna.

El trabajo de persuasión llevado a cabo por Lenin, junto a la vieja guardia bolchevique, había dado frutos. Los trabajadores y campesinos, la mayoría analfabetos, agotados físicamente tanto por el trabajo sobrehumano que habían realizado para bandas de infractores capitalistas, como por una desgraciada guerra,  realizaron milagros de bravura, porque en su consciencia penetraban los primeros rayos de un nuevo amanecer, deseado por la mayoría, esperado con emoción.

La Revolución de Octubre, y la lucha revolucionaria de los siguientes meses, puede ser comparada con la erupción de un volcán cuya lava quema, destruye hasta los cimientos el mundo viejo: el mundo de los productores de riqueza, hambrientos y desnudos, y el de los explotadores, lleno de lujo.

Tras el final de la guerra civil, es decir, después de la victoria del ejército revolucionario, siguieron unos largos años difíciles, de tiempos de grandes necesidades, que exigieron sacrificios de todo tipo.

Los años difíciles también fueron vencidos por el hombre soviético.

El hombre soviético, el hombre nuevo, era una realidad, no un mito, como decían los malintencionados, los enemigos de la joven república soviética.

Con una fe ciega en el poder de su trabajo, casi siempre con una sonrisa en la cara, con la frente surcada de preocupaciones, problemas u, otras veces, ira, el hombre soviético venció todas las dificultades que se interpusieron en su camino.

Cuando al principio un viajero extranjero llegaba desde muy lejos únicamente para ver al hombre soviético, al hombre soviético en el trabajo, se quedaba boquiabierto, esta es la palabra, de lo que veían sus ojos: un hombre envejecido por el trabajo y las necesidades, con herramientas anticuadas, pero en su mirada centelleaba una gran alegría, una confianza plena en el poder de su trabajo, un amor profundo hacia su joven república socialista. El pasado había sido derrumbado con sus manos, y el futuro debía ser construido con sus manos también. Eran conscientes de su papel en la historia y quería representarlo con dignidad. Este era el hombre soviético en los primeros años tras la Revolución  de Octubre.

Los años oscuros pasaron, así como pasan los nubarrones por un cielo que ha descendido cerca de la tierra.  El firmamento de la Unión Soviética se iluminaba. El hombre soviético había vencido al hambre, al frío, a las dificultades. El hombre soviético construía fábricas, escuelas, centros culturales, hospitales… Los escombros de la vieja Rusia zarista eran retirados y un nuevo mundo amanecía como de las profundidades de la tierra, arrancado con una barita mágica. La barita mágica era la mano del hombre soviético.

Llegó el año 1941. Invasión de las hordas fascistas de Hitler. Ciudades, pueblos, en llamas.

Saqueos. Muertos…muertos…El hombre soviético toma las armas.

¿Quién no ha leído sobre los hechos heroicos de los defensores de Leningrado? ¿Quién no ha seguido las fases de la batalla de Stalingrado? ¿Quién no ha escuchado sobre la valiente lucha de los partisanos? El mundo entero se admira.

El vencedor de Stalingrado fue el hombre soviético. El hombre que había llevado a cabo la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Debo reconocer que mi mayor deseo en los viajes que he realizado a la Unión Soviética era, en primer lugar, conocer al hombre soviético; el hombre soviético sobre el que había oído tantas hazañas, del que había leído tantas páginas.

Y en realidad el hombre soviético tiene algo especial frente a los demás hombres: es optimista, sincero, alegre, confiado tanto en el extraordinario destino de su patria, como en el poder de su trabajo.

He visto a la juventud regresando del trabajo, chicos y chicas felices, discutiendo con pasión, bromeando, riendo. El cansancio de sus caras estaba iluminado de un deseo indescriptible de vida, de una ardiente confianza en el mañana, el día de su felicidad; ya no se veía a la juventud pesimista, cansado física y moralmente, sin fe en sus capacidades, sin esperanza, obsesionado por la muerte, la juventud de, por ejemplo, las dolorosas novelas de Dostoievsky.

He seguido a estos jóvenes muchas veces, tanto por los bulevares de Moscú como por las calles de Leningrado y por los parques de otras ciudades más pequeñas.  Iban los chicos y las chicas cogiéndose de la mano o del brazo, hablando ruidosamente o en susurros, con la mirada perdida hacia las sombras de la noche o mirándose a los ojos.

En su actitud y en sus gestos había una admirable pureza y sinceridad, podría decirse un romanticismo olvidado, desde hace mucho, por los que hemos crecido en otro ambiente moral y social.

En algunas estaciones de autobús y trolebús, o en la boca del metro, los grupos se separaban dirigiéndose cada uno hacia su casa. Su despedida era simple: un caluroso apretón de manos o un beso en la frente o en las mejillas, un beso puro de amistad, de amor tímido, nada del beso sensual y salvaje de las grandes ciudades occidentales.

Allí donde encuentras a un joven soviético - sean chicos, chicas o ambos sexos – se aprecia una imagen viva de una nueva vida, de una vida que nosotros no tuvimos la felicidad de conocer en nuestra juventud.

Los trabajadores de las fábricas parecen a primera vista ser hombres con alma cerrada, podríamos decir que un hombre poco amigable frente al extranjero que le visitaba en su lugar de trabajo: es decir, en la fábrica, en la obra, en el taller. Pero tras el primer saludo del extranjero, la frente se relaja y sus ojos se iluminan, respondiendo, unos con timidez, susurrando, otros con voz segura, al saludo del huésped llegado por sorpresa.

Y entonces uno se puede dar cuenta muy bien del carácter del hombre soviético: serio, concienzudo, dominado por un solo pensamiento, cumplir con su deber. Esto no significa, sin embargo, que sea un simple robot; la mejor prueba la tenemos entonces cuando charlamos con él y cuando el obrero, de cara y brazos negros, con chorros de sudor en la frente, se transforma en un hombre sociable, amistoso, profundamente humano. Tras una corta conversación, te separas de él con tristeza, así como te separas de un amigo.

El hombre soviético lee, y lee mucho.

Los taxistas cuando tienen un momento de relax, leen: periódicos, literatura, o libros técnicos; tanto los jóvenes como los mayores en los parques, en los bancos de los bulevares, leen; los viajeros en el autobús llevan, casi todos, un libro sobre sus muslos; las azafatas de los vagones del tren leen los más valiosas novelas de la literatura clásica rusa y soviética y los más recientes libros técnicos.

Todos los hombres soviéticos leen para instruirse, para escapar del cansancio del trabajo, o para pasar un tiempo agradable.

El libro es una de las principales armas del hombre soviético.

El hombre soviético es hospitalario tanto con los paisanos como con los extranjeros; él no hace distinción de raza. Es una de las características del hombre nacido después de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

El hombre soviético es un hombre nuevo, demostrando esto en la Gran Revolución de Octubre, con los éxitos de los planes quinquenales, en los años de la guerra defendiendo a la patria, en los años de construcción del comunismo.

El hombre soviético es el más hermoso símbolo del mundo nuevo".

El hombre soviético está tomado del libro Un viajero en la URSS -Un calator prin URSS-, Scarlat Callimachi, Editura de Stat Pentru Literatura si Arta, 1960, pag. 94, y traducido  por VKR.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Rebelión en el puerto, de Alexandru Sahia (sobre las condiciones de trabajo de los estibadores y la clase obrera en general en los años 30)

Alexandru Sahia nació en la provincia de Dambovita, en la Rumania de 1908, teniendo una vida breve, muriendo en 1937. Pese a esa muerte prematura (no tenía treinta años), fue considerado como un exponente de la generación de escritores y periodistas de entreguerras comprometidos con la lucha contra el fascismo y a favor de la lucha de la clase trabajadora por su emancipación. No obstante, fue militante del Partido Comunista de Rumania y miembro fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Igualmente, fue el primer escritor rumano que dejó por escrito su experiencia de su viaje a la URSS en 1934, con motivo de un encuentro de escritores antifascistas celebrado aquel año en Moscú.
Imagini pentru alexandru sahia
Hábil y decidido en el ejercicio de la función periodística, aunque su producción no fue abundante,  obras como Rebelión en el puerto, que traducimos al castellano en esta entrada,  La usina viviente o  Lluvia de junio, han sido estimadas como ejemplos clásicos de una literatura de inspiración proletaria.

A continuación, compartimos aquí uno de sus textos breves, Rebelion en el Puerto , donde retrata las condiciones miserables de los estibadores rumanos a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, condenados a la pobreza más absoluta por el régimen burgueso-latifundista dirigido por el entonces rey Carol II, y obligados a trabajar a destajo en las condiciones inhumanas de los puertos sin apenas derechos. Rebelión el el Puerto se publicó en la Revista Bluze Albastre (Camisas Azules), nr.4, del 31 de julio de 1932.  

La historia contada por Sahia nos recuerda, entre otras cosas, lo mucho que les ha costado a los trabajadores a lo largo de la historia conquistarlos y lo rápido que se pueden perder sin organización y sin estar dispuestos a luchar para mantenerlos para sí mismos y para las próximas generaciones. 

Lamentablemente, Alexandru Sahia fue víctima de la pobreza y murió de tuberculosis antes de ver su sueño cumplido, aquel por el cual escribió y luchó durante toda su breve vida: la proclamación del Socialismo por la clase trabajadora, frente a una realidad en la que, como se denuncia en Rebelión en el Puerto, escrito en 1932, los estibadores rumanos no podían ni siquiera enterrar a las víctimas de la explotación y de sus miserables condiciones de trabajo con la dignidad que se merecían. Faltaban todavía dieciseis años para que los trabajadores rumanos, entre ellos los estibadores, conquistaran su emancipación tras la proclamación de la República Popular Rumana, en 1948.



*****

REBELIÓN EN EL PUERTO, Alexandru Sahia 
(Traducción de Un Vallekano en Rumanía)

Amarrados en el puerto, los vapores aullaban desesperados, gimiendo bajo el peso de su carga.

Se hacían señales, se chillaban, pero nadie se acercaba a la orilla. Un grupo de soldados y algunos funcionarios del puerto corrían como locos de un lado a otro.


Estibadores en el Puerto de Braila
Los trabajadores, sin embargo, se habían  retirado lejos del muelle y esperaban.

Las órdenes ya no eran obedecidas y la bandera del puerto estaba rota en mil pedazos; no ondeaba ya cuando el trabajo se interrumpió.

-¿Crees, camarada, que no van a dejarnos enterrarlo tal cómo queremos nosotros?

El preguntado calla. Alto, con anchas espaldas y brazos macizos, miraba al vacío mientras su labio inferior no dejaba de temblar.

-Te he preguntado, camarada Mihail, para conocer tu opinión. Eres la persona más adecuada para encargarte de este problema. Has conducido el sindicato muchos años y, al fin y al cabo, Galaciuc ha sido un buen camarada.

El camarada Mihail seguía sin responder.

Su labio tiritaba cada vez de forma más evidente y parecía que sus pómulos se movían. Se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo para controlarse, apretando los dientes, aunque no lo consiguiera. Finalmente, habló:

-Espera, amigo Simeon, espera. Sé que te es muy difícil esperar. Pero para poder sacar algo en claro tienes primero que rumiar, mordiéndote los labios si es necesario. Lo que te quiero decir es que acumules fuerzas, no las tires por la borda. De otra forma no se puede. La lucha final tendremos que llevarla a cabo pronto, no queda mucho- dijo.

.-Sí, claro, la lucha final va a tener lugar. Desde hace veinte años me controlo, me aguanto las ganas, pero no debe tardar ya mucho - habló  el flaco y enclenque Simeon,  estirando su delgado cuello con los ojos humedecidos, elevando la voz y a balbuceando.

-Te entiendo, camarada Simeon - le respondió Mihail - comparto tu opinión, ya que cualquier movimiento de revuelta en las filas de los trabajadores no puede más que traer bien a la causa proletaria. Tenemos, sin embargo, que organizarnos. Cuánto mejor organizados estemos para enfrentar la lucha, más seguro y más cercano estará el triunfo. Por ejemplo, en este caso, queremos que Galaciuc sea enterrado con nuestro homenaje, parando el trabajo unas horas; seguramente no lo conseguiremos. Somos aproximadamente 200 brazos, pero un regimiento de cañones espera a las afueras de la ciudad. Por supuesto, no vamos a renunciar al combate aunque sean pocas las posibilidades de éxito. Sé que muchos de nosotros caeremos. Moriremos, pero en sacrificio por la causa obrera, por Elizabeta Galaciuc y sus hijos -

Una franja del horizonte se deslizaba sobre las orillas del Danubio. Del color de la sangre, un rojo ardiente que bañaba simbólicamente tanto la tierra como el agua. Pájaros blancos volaban sobre el agua, cayendo con su pecho desde los mástiles sobre la brillante superficie del rio.

En el despacho del capitán, cuatro estibadores del comité sindical negociaban desde hacía unas horas el funeral de Galaciuc. Los trabajadores pedían abandonar el trabajo y poder acompañar al cuerpo del camarada por las calles de la ciudad hasta el cementerio. Pero los autoridades de la ciudad se opusieron rotundamente. No se podía permitir una manifestación obrera, prohibidas por la ley; además, el comandante del puerto no toleraba que se abandonara el trabajo solo para enterrar a un estibador, mientras en el muelle esperaban dos cargueros llenos de piedra.

A las tres, la comitiva mortuoria tenía que empezar su desfile solidario. Las autoridades, no obstante, lo habían prohibido, exigiendo la vuelta al  trabajo. Los obreros, a pesar de ello, habían abandonado sus puestos. Todos los esfuerzos de la capitanía para que regresaran a su actividad fracasaron. Las amenazas enérgicas, las enormes multas, los castigos con aumentos de jornada, nada convenció a los huelguistas.

Su decisión era también una protesta contra la forma en la que los funcionarios del puerto trataban a los trabajadores. Galaciuc era ya el sexto que caía desde el puente y moría ahogado. Las peticiones y quejas realizadas tantas veces ante la capitanía no habían obtenido resultado alguno, porque un puente más resistente era caro.

En un chamizo, dentro del ataud de madera podrida alzado sobre unos sacos vacíos, esperaba el cuerpo de Galaciuc. Hinchado de agua, con labios morados, parecía estar gordo y satisfecho.

De vez en cuando, Elizabeta Galaciuc, su mujer, pasaba por la cara del cadáver una hoja de lampazo para espantar a las moscas, mientras lloraba sin parar, como una niña. Habría deseado poder parar, pero no podía.

-Si tampoco hoy le enterramos, ¿cómo haremos para comprar más velas para una nueva vigilia?-
Rudolf Schweitzerr, Estibadores en el Puerto de Braila
preguntó.

Y entonces se echó a llorar con más fuerza.

-!El sindicato! !Tenemos dinero ahorrado en el sindicato! - se oyó la voz ronca de alguno de los trabajadores apoyados sobre el montón de carbón

-!Ah! El sin-di-ca-to, el sin-di-ca-to - repitió quejándose Elizabeta llorando

Junto a ella estaban Avram y Marcu, los hijos de Galaciuc, ambos tan rubios como esmirriados. Miraban la tripa hinchada de su padre sin poder entender cómo pudo haber tragado tanta comida.

Afuera se escuchaba un creciente alboroto, griterío, maldiciones. Los que estaban sentados sobre los montones dieron un respingo y se dirigieron a la salida. Elisabeta abrazó a los niños asustada e, instintivamente, se giró hacia el muerto como buscando una salida. Gritaba; gritaba sin saber por qué. Sus dos chavales, con los pies descalzos, ambos en los huesos y con la ropa hecha jirones, también chillaban, asustados.

Los obreros entraron en tropel en la chabola,  haciendola bandearse. De repente, se hizo el silencio. Los lamentos y llantos de la familia Galaciuc dejaron helados a todos. Rompió el hielo Mihail, acercándose al ataud y descubriéndose:

-Amiga Elizabeta, Entendemos tu desesperación. Sin embargo, tienes que intentar controlarte. La desgracia que ha caído sobre ti puede caer sobre la esposa de cualquier otro obrero. Déjame decir ahora otra mala noticia. Los cuatro camaradas que han ido a hablar con los jefes no han podido conseguir la garantía de que podemos acompañar al féretro de Galaciuc hasta el cementerio. Pero no pasa nada, nosotros igual te vamos a acompañar. Solo te pedimos que tengas confianza en nosotros.

Elizabeta miraba como atontada al gentío que se agolpaba a su alrededor, sintiendo como los dos niños aterrados se apretaban con fuerza contra sus enjutos muslos.

-!Los niños! !Cuidad a los niños! !Son los hijos de Galaciuc! - dijo desesperada, moviendo la cabeza, ahogada en lágrimas.

Seis hombres se adelantaron, alzando el ataud sobre sus hombros. Más de una centena de trabajadores los siguieron formando una columna, detrás de la familia Galaciuc.

Ya había anochedido. La calle que unía la ciudad con el puerto se abría frente a ellos recta como un rayo luminoso marcado por las farolas eléctricas.

La columna avanzaba silenciosa y tranquila; ni siquiera la mujer de Galaciuc lloraba ya. Se sentía cansada, sostenida sobre los brazos de dos obreros.

-!Oid, camaradas!- gritaba de vez en cuando con una voz casi inaudible - !Necesitamos un sacerdote, no quiero sin un sacerdote!.

-Seguro que sí- respondía alguien para tranquilizarla - se nos va a unir en el camino, ten calma.

Sin embargo, nadie había pensado en ello antes. Un cura y, seguramente, uno orondo ¿Qué sentido tendría una panza entre estibadores hambrientos? El puerto enterraba a sus muertos sin clérigo desde hacía dos años. Así, el convoy formado solamente por obreros, la viuda y sus hijos demostraba su dignidad. Solo las mujeres sometidas a la superstición pensaban en un cura, pero no se les hacía caso.

La noche había caído totalmente. Los focos daban una luz débil, gris, que solo matizaba la oscuridad !Qué triste y taciturna parecía la columna de obreros! Acompañaba a un camarada fallecido, pero cada uno iba pensando en  la dureza de su propia vida.

Elizabeta Galaciuc llamaba a sus hijos, que apenas se atrevían a responder salvo tirando débilmente de su ropa.

-Tenéis hambre, lo sé !Esperad, que no queda mucho! - les decía, pensando en cómo podía calmar sus ganas.

En el silencio, se espezaron a escuchar pasos rítmicos, producidos por un calzado pesado.

-!Deteneos!- alguien gritó.

Todo el mundo se paró, enmudeció, escuchando tensos. El ruido crecía y se hizo evidente lo que iba a suceder: !el ejército había llegado!

!Paraos! !El ejército, viene el ejército! -  gritó de nuevo la misma voz:

Los manifestantes se revolvieron, les entró el pánico. Sin embargo, todos corrieron a proteger el
ataud, creando una barricada de hombres tras la cual, quedaron los Galaciuc. Ahora ya no se avanzaba, sumidos en la espera. La tensión se mascaba en el ambiente, al acecho de la lucha inevitable, aunque lo que se defendía fuera solamente el cuerpo de un estibador ahogado.

Los soldados se iban acercando. Solo unos metros separaban a ambos bandos. En uno, estaban los campesinos, con uniforme militar; en el otro, también campesinos, pero con el mono azul de trabajo. Una voz poderosa sobresalía, la de Mihail:

-!Qué nadie se mueva! !Defended a los niños! !Que no sean golpeados los niños! -animaba con voz poderosa.


Foto de estibadores descargando en el Puerto de Galati
Elizabeta y los dos niños rubios fueron llevados a un cobijo más seguro. Junto a ellos, el féretro.

En la calle, el combate había empezado. Los soldados golpeaban con furia, corrían los insultos, se apretaban los dientes... Tras los primeros disparos al aire todo se transformó en un caos.  Los trabajadores estaban rodeados por todos lados, pero Mihail continuaba jaleándolos:

-!Que nadie retroceda! Así, !Adelante!

No obstante, todos los esfuerzos eran en vano. Las culatas de los fusiles arreaban con violencia, mientras los obreros no tenían ni siquiera piedras. Muchos se encontraban ya en el suelo, desgañitándose al ser pisoteados por las botas militares. Los soldados empujaban continuamente a los estibadores, cercados, hacia la ciudad, a golpe de bayoneta, entre protestas e injurias.

Finalmente, reinó el silencio en ambos lados, mientras en el borde de la calle segúia esperando el ataud del estibador, vigilado por la viuda y sus hijos.

De la oscuridad aparecieron dos siluetas; las de Mihail y Simeon. Ambos se arrodillaron ante la familia de Galaciuc. Elizabeta sollozba, pero los obreros no.

-Volvamos al puerto, camarada Elizabeta. El ataud no puede quedarse aquí - dijeron mientras se limpiaban con el brazo el sudor y la sangre de su frente.

La mujer no decía nada. Se levantó ausente, tirando de Avram y Marcu, medio dormidos. Los trabajadores alzaron de nuevo la caja sobre sus hombros. La marcha ahora volvía sobre sus pasos, insegura en la oscuridad. Ya nadie lloraba.

Elizabeta Galaciuc caminaba como ida. No se daba cuenta de si sus hijos, que casi tenía que arrastrar, se quejaban o callan. Preguntó algo, pero nadie la contestó. Puede que nadie la escuchar o que su pregunta no tuviera ningún sentido.

El disminuido grupo se detuvo. Mihail vió que Simeon estaba cansado. Dejaron el ataud sobre el suelo para poder descansar.

-En cualquier caso- preguntó Simeon agotado- teníamos que luchar ¿Te entristece lo que ha pasado?

Mihail no respondió, y Simeon no siguió preguntando.

Los dos barcos cargados de piedra hicieron sonar sus sirenas, pero con seguridad tampoco iban a poder zarpar al día siguiente. 

sábado, 24 de marzo de 2018

El 84% de los serbios se oponen a la entrada de su país en la OTAN

El 84% de los serbios se oponen a la entrada de su país a la OTAN, siendo los habitantes de Belgrado los que más lo rechazan. Algo lógico, teniendo en cuenta la matanza llevada a cabo por la organización terrorista noratlántica, sin autorización de la ONU, hace casi dos décadas.

Imagini pentru bombardeo de belgrado
Foto de Belgrado
El estudio, realizado por el Instituto de Asuntos Europeos, con sede en Belgrado, coincide con el 19 Aniversario del comienzo de los salvajes bombardeos contra la población civil serbia, dirigidos por el criminal de guerra español Javier Solana, entonces Secretario General de la OTAN.

Según el estudio, el 62% afirman que no van a aceptar ninguna excusa de la OTAN por aquella bestial agresión contra la Federación de Repúblicas de Yugoslavia. La mayor parte de los que así han respondio viven en la capital y en la zona occidental de Serbia y Sumadija, con una edad de entre 30 y 44 años.  Un tercio de los entrevistados si que aceptarían las citadas excusas, mientras un 7% prefiere no responder.

Al mismo tiempo, el 84% de los encuestados tienen claro que no quieren que su país sea miembro de la OTAN, siendo solamente un 10% los que así lo desean, y un 6% no responden.

Ante la pregunta sobre los motivos de la agresión sufrida por Yugoslavia hace 19 años, el 17% creen que se debió a un castigo a la política nacionalista de Slobodan Miloșevici, el 15,2% cree que se perseguían solamente intereses políticos de Estados Unidos y la UE, y el 12,6% creen que el principal motivo fue el interés por crear Kosovo como país independiente.

Aproxímadamente dos tercios de los serbios rechazan cualquier tipo de colaboración con la OTAN, mientras que un 26% lo apoyan. 
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El 24 de marzo de 1999, la OTAN inició una criminal campaña de bombardeos aéreos contra Serbia que duraron 78 días, y en la cual asesinaron a, al menos, 2500 personas. La operación se perpetró sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU. 
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